Nutrición
Manejo de los efectos colaterales del tratamiento

 

Cambios en el apetito 
 

Nadie puede predecir con precisión cómo afectará el tratamiento a tu manera de comer. Tal vez disfrutes de la comida como lo hacés normalmente y tu apetito se mantenga sin cambios, o posiblemente tengas días disímiles: algunos en los que no puedas probar bocado, otros en los que te sentirás con ganas de comer de todo; y otros en los que solo pocos alimentos te sentarán bien. Tanto el gusto como el olfato pueden verse alterados también. Lo ideal es que intentes tener una alimentación saludable pero a la vez flexible para poder lidiar con los cambios en el apetito. 
 

¿Qué podés hacer cuando hay pérdida del apetito?
 

  • Hacé pequeñas comidas y colaciones con mayor frecuencia en lugar de tres comidas importantes.

  • Evitá los líquidos durante las comidas ya que te darán saciedad. Ingerí líquidos media hora antes o después de las mismas. Si tenés la boca seca o dificultad para tragar, bebé sorbos pequeños.

  • Hacé de la comida un momento placentero: escuchá música tranquila, abrí las ventanas para renovar el aire, comé despacio, poné una linda mesa y disfrutá. 

  • Mantenete lo más activa posible. Hacer ejercicio una hora antes de comer puede abrirte el apetito.

  • Tené a mano colaciones que sean ricas en calorías y proteínas. Algunas ideas pueden ser huevo duro, queso, granola, mix de frutas secas y desecadas, helados de crema, helados de agua, pan, merenguitos, licuados. 

  • Incluí aquellos alimentos que sean de tu preferencia en el momento del día que desees. 

  • Cuando te sea difícil comer, bebé algún suplemento dietario líquido o algún licuado enriquecido con leche, yogur o helado de crema pasteurizado.

  • Incorporá líquidos a lo largo del día, incluso cuando no quieras comer sólidos. Preferí aquellos que te aporten calorías y otros nutrientes como leche, bebidas a base de soja, sopas cremas, jugos de frutas, bebidas deportivas, batidos con helados de crema y frutas, licuados a base de leche o yogur. 

  • Probá nuevos alimentos. Si tus comidas habituales te resultan poco tentadoras, intentá con nuevos sabores cuando te sientas bien. 

  • Seguramente toleres mejor los alimentos o preparaciones suaves, fríos o congelados, como los licuados, batidos, queso, ricota, sándwiches o helados 

  • Unas horas antes del tratamiento, comé alimentos livianos, lo que previene la aversión a la comidas provocadas por las náuseas o vómitos. 

  • Si sentís sabor metálico, usá cubiertos de plástico. 

  • Consultá con un licenciado en nutrición o médico nutricionista que te podrá guiar y podrán armar un plan de alimentación acorde con tu situación. 

  • Si se te dificulta comer durante varios días seguidos no dejes de consultarlo a tu médico de cabecera, ya que una ingesta escasa de líquidos, calorías y proteínas puede provocar debilidad y fatiga, uno de los efectos secundarios más habituales del tratamiento de cáncer de mama. 
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¿Por qué puede ocurrir la falta de apetito? 


No se sabe la razón pero puede estar relacionada con: 

• El cáncer mismo. 

• Fatiga. 

• Dolor. 

• Emociones como estrés, ansiedad, depresión y miedo. 

• Efectos secundarios al tratamiento como náuseas, alteración del gusto. 

 

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Durante el tratamiento de cáncer, es probable que tengas tus días buenos y malos. Por lo tanto…
 

• Aprovechá aquellos días en los que te sentís bien para comer comidas nutritivas, ricas en calorías y proteínas. Esto te ayudará a mantener tus fuerzas y reconstruir los tejidos dañados por el cáncer o el tratamiento.

• En el momento del día en que te sientas mejor, realizá una comida importante y luego, tomá suplementos nutricionales líquidos a lo largo del día. 

• Comé lo que toleres mejor, aun si son solo pocos alimentos o preparaciones. Mantenete con esos mismos hasta que te sientas mejor y puedas incluir más alimentos.

• Bebé abundantes líquidos, en especial, en aquellos días en que no puedas comer sólidos. De esta manera, te asegurás que tu organismo obtenga los líquidos que requiere. 


Cambios en el gusto y olfato


Seguramente durante el tratamiento comenzarás a sentirle un sabor particular (más amargo o metálico) a ciertos alimentos como la carne, o las comidas que habitualmente comías tienen menos sabor. También el olfato puede estar alterado, y se modifiquen los aromas: aquellos que regularmente te gustaban ya no lo hagan tanto. A pesar de que no se pueden prevenir estos síntomas, una vez terminado el tratamiento, poco a poco se alivian. 

Algunos consejos…

• Elegí alimentos que se vean y huelan bien, evitá aquellos que no te tienten. Si la carne roja tiene un sabor metálico, elegí otra carne como pescado, pollo o pavita. 

• Mariná las carnes, lo que disminuirá ese sabor metálico. Hacelo con hierbas, especias, jugo de limón o aceto. Mientras se marinan, dejalas en un recipiente tapado en la heladera hasta el momento de cocinar.

• Hacé las comidas más dulces. Si sentís algunos alimentos salados, ácidos o amargos, agregales azúcar o miel. 

• Condimentá las comidas con hierbas frescas, mostaza, salsas como barbacoa o teriyaki.

• Evitá aquellos alimentos o bebidas cuyo olor te repugne.

 

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Para reducir el olor intenso de los alimentos
 

• Serví la comida a temperatura ambiente.

• Mantené la comida tapada en recipientes herméticos o con papel film.

• Tomá los líquidos con sorbete.

• Usá vasos térmicos con tapa. 

• Usá un ventilador en la cocina para evacuar rápidamente los olores y mantené las ventanas abiertas.

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