Testimonios
Cáncer de mama, sexualidad y maternidad
-

Fue un día de febrero de 2012. Estaba en la casa de mi mamá cuando me descubrí un bultito en la mama y al día siguiente fui a ver a mi médica quien, en un primer control me dijo que no parecía nada grave. Me hicieron los estudios correspondientes y también consulté con un pariente médico y con mi homeópata que me repitieron lo mismo. Pero yo sentía que había algo más que los médicos no estaban viendo. Durante tres meses estuve obsesionada y muy angustiada porque sentía que había algo malo en mi cuerpo. Ante esta situación, mi ginecóloga decidió operarme antes del control siguiente y me quitó el quiste. Lo analizaron y los resultados dieron mal, así que tuvieron que operarme por segunda vez para revisar si había ganglios afectados. Se trataba de un tipo de tumor que tiene muchas de las características de un quiste simple. Finalmente consulté a una oncóloga y empecé el tratamiento completo. Me tomé nueve meses de licencia del trabajo y por suerte me sentí muy bien durante todo el proceso. Incluso, aproveché para hacer cursos y talleres de fotografía, canto, cerámica, dibujo y meditación. 

En cuanto a la intimidad, sentí que perdí la libido durante el tratamiento. La verdad es que me sentía bastante rara: pelada, operada y muy poco sexy. El cuerpo era otro, estaba cambiado. Había engordado cerca de siete kilos, tomaba corticoides y no me sentía cómoda conmigo. Eran varios motivos para no tener ganas. Percibía que algo en las mismas drogas disminuía el apetito sexual. Además, pienso que quizás el hecho de desnudarte ante miles de médicos constantemente, hace que el cuerpo se convierta en un objeto y eso también deserotiza. 

Marcelo, mi pareja, siempre me contuvo y lo reconoció como parte del tratamiento. Lentamente y a medida que fui sintiéndome mejor, todo volvió a la normalidad entre nosotros aunque es cierto que lleva un tiempo. 
 

Marcelo me acompañó a todas las aplicaciones de quimioterapia; y me pasaba la maquinita de afeitar cuando estaba perdiendo el cabello. Con seguridad, creo que gran parte de llevar adelante todo este proceso es estar acompañada y hablar del tema abiertamente. 

Estuve 6 meses sin menstruación. Antes de comenzar el tratamiento me preguntaron si quería guardar óvulos. Al principio lo descarté, luego lo pensé y lo analicé, pero me pareció que era demasiado para ese momento que estaba atravesando. 

No tengo hijos y la maternidad no había sido un tema del que estuviera completamente decidida antes del diagnóstico. Pero tengo 36 años y es una edad para pensarlo y planificarlo en caso de querer avanzar. A primera vista, creés que el cáncer anula esa posibilidad o te hace pensar en qué hacer. Con mi ginecóloga lo charlamos ligeramente y en relación a los posibles riesgos hormonales, pero atravesar un embarazo es algo de lo que todavía no estoy segura. Por otro lado, durante el tratamiento, fuimos a una charla informativa para hacer el trámite de adopción. Esta era una idea que tenía ya antes de la enfermedad. Nunca sentí la necesidad de quedar embarazada para ser mamá. Ahora estoy iniciando el trámite, veremos qué pasa. Lo bueno es informarse y saber que existen muchas posibilidades.

-