psicooncologia
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Ante el diagnóstico de metástasis óseas, Luisa comenta: “Cuando tuve cáncer de mama, hace algunos años, el solo hecho de nombrar la palabra cáncer me daba pánico. En ese entonces, desconocía el tema e incluso evitaba informarme. Ahora que reapareció el cáncer en los huesos, me encuentro más preparada. Cuento con más experiencia y conocimientos sobre lo que me pasa. Si bien sentí miedo, me afligí y me entristecí cuando lo supe, hoy estoy menos asustada y valoro que existan diferentes drogas y tratamientos para encarar mi problema y mejorarme. Estoy aprendiendo a manejarme y a convivir con esta enfermedad”. 

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Cuando el cáncer de mama reaparece o se extiende a otros lugares del cuerpo surgen distintos sentimientos como aflicción, tristeza y miedo junto con la esperanza de comenzar un nuevo tratamiento y la incertidumbre en relación a sus resultados. Las mujeres que escuchan que el cáncer de mama ha vuelto pasan por reacciones similares a las que tuvieron cuando recibieron el primer diagnóstico: conmoción, confusión y finalmente, adaptación. La diferencia es que estas fases, a menudo, van acompañadas de una mayor tristeza. Saber que hay que enfrentarse a nuevos tratamientos provoca mucha ansiedad, y el miedo que produce la incertidumbre del resultado genera nuevas tensiones. La idea de tener que reanudar los tratamientos después de un período en el cual la enfermedad estuvo ausente resulta abrumadora. La recuperación de la calidad de vida global es más lenta después de una recurrencia. A pesar de la carga física de la recurrencia, durante el año posterior a su diagnóstico, las mujeres muestran una firme mejoría en su funcionamiento psicológico, reflejando así una importante capacidad adaptativa.

Pero la realidad es que si las pacientes se enfrentan a una recaída de la enfermedad es relevante que sepan que hay soluciones efectivas. Día a día se están descubriendo nuevos tratamientos como las terapias hormonales e inmunológicas destinadas para el cáncer de mama, próstata y pulmón.

En los últimos años, el cáncer se ha convertido en una enfermedad crónica, no necesariamente fatal. En este sentido, los médicos tratan a muchos pacientes con el fin de controlar la enfermedad. Por ejemplo, las metástasis en los huesos producidas por el cáncer de mama pueden ahora tratarse con fármacos que fortalecen los huesos, ayudan a disminuir el dolor, aminoran el crecimiento del tumor y reducen las posibilidades de fracturas.

Este estadio de la enfermedad puede reconocerse como un período difícil que provoca una mezcla de emociones que van fluctuando de la desesperanza a la esperanza, de la inseguridad a la confianza, del miedo a la sensación de control y de la tristeza a la gratitud por vivir. La manera cómo se sobrelleva, es una cuestión individual y única de cada persona. La paciente progresa más cuando busca el mejor tratamiento, puede continuarlo y consigue ayuda para los síntomas físicos incómodos. Es importante recordar que el avance científico es continuo y que pueden producirse grandes adelantos de los cuales pueden llegar a beneficiarse muchas pacientes. Tener en cuenta estas cuestiones ayuda a que se mantengan positivas y con “espíritu de lucha”.

Cuando la ansiedad, el insomnio o los sentimientos depresivos emergen ante los tratamientos o ante dificultades de tipo personal, es importante buscar asesoramiento psicoterapéutico especializado individual, vincular y/o familiar, así como también ayuda psiquiátrica.

Para muchos de los tumores de mama que reaparecen o que progresan tras un primer tratamiento médico, lo que se busca es controlarlos satisfactoriamente durante años mediante tratamientos como radioterapia, quimioterapia, cirugía o terapias hormonales. El cáncer de mama metastásico se refiere a la enfermedad que se ha diseminado desde su localización primaria a otras partes del cuerpo. El cáncer que no responde a los tratamientos intentados estaría indicando el momento en que el equipo médico debiera reevaluar y redefinir los objetivos que se propone con esa paciente. Pueden ser incluidas nuevas metas como estar libre de dolor, poder permanecer descansando en el domicilio así como mantener un cierto nivel de funcionamiento. La preservación de la calidad de vida es una tarea primordial y, si los tratamientos médicos no son posibles en esta etapa de la enfermedad, sí es viable el control de los diversos síntomas que se van presentando permitiendo a las pacientes vivir mejor.

La creencia de que la reaparición del cáncer equivale a muerte ya no es cierta. Muchos cánceres se pueden tratar a largo plazo. Tal vez, la curación de la enfermedad no sea posible con los conocimientos que actualmente se poseen, pero el control efectivo del tumor ha modificado notoriamente las perspectivas. Con los últimos avances en los tratamientos de cáncer de mama, las mujeres están mejorando su expectativa de sobrevida, aún dentro del contexto de una enfermedad metastásica.

En la actualidad, el desafío es cómo vivir bien con una enfermedad crónica, cómo proseguir el tratamiento mientras se mantienen, en la medida de lo posible, las actividades importantes en la vida como el trabajo, los quehaceres cotidianos, las relaciones familiares y sociales, la actividad física, recreativa y hobbies. Organizar nuevamente todos estos elementos, incluyendo la ayuda a la familia y/o al entorno para que pueda adaptarse a los cambios, requiere de las pacientes, mantener un sentimiento de esperanza y un manejo emocional frente a las situaciones adversas, lo más adecuado posible. 

En conclusión para afrontar una recaída de un cáncer de mama te propongo una serie de elementos significativos que podés recordar:

• Participá de tu plan de cuidados médicos ya sea haciendo preguntas, tomando notas, estando informada y tomando decisiones acerca de tu cuidado.

• Buscá sostén. No afrontes esta nueva situación en soledad. En la medida de tus posibilidades, solicitá ayuda de tu familia, amigos y otros componentes de tu red de apoyo para atravesar mejor este momento difícil. Comunicate e intercambiá con otros y compartí tus sentimientos.

• Tomate las cosas con calma. Tendrás días mejores y peores. Por lo cual, date permiso para obtener el tiempo necesario para trabajar sobre tus emociones y encontrar alternativas constructivas para lidiar con ellas.

• Focalizate en las conductas saludables. Antes, durante y después del tratamiento médico es relevante adoptar conductas o hábitos saludables para recobrar fuerzas y energía para recuperarte tan pronto como te sea posible. 

• Mantenete activa física y mentalmente tanto como te sientas capaz. Mantené tu mente estimulada a través del trabajo, recreación, hobbies u otros aspectos específicos de tu vida. Podés utilizar métodos complementarios, previa consulta con tu médico tratante, para aliviar el dolor, la angustia y mejorar tu bienestar general como por ejemplo: relajación, meditación, ejercicios físicos como caminar y cuidados dietéticos, entre otros.

Para finalizar quisiera agregar una última reflexión: una enfermedad crónica como el cáncer, entre otras, no por su cualidad de crónica es incompatible con una buena calidad de vida. 

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Para pensar… 

 

Para tener en cuenta durante el tratamiento de cáncer:

• No siempre tendrás una actitud positiva, seguramente tengas días buenos y malos, y eso está bien.

• Dejate ayudar y aprendé a pedir ayuda. Te hará sentir bien a vos y a quienes te rodean y quieren.

• Mimate: date un baño de inmersión con sales con aromas delicados, comprate una novela que te entretenga, andá al cine a ver una película de amor.

• Comprate un diario íntimo y escribí todo lo que te pasa. Escribir puede ser terapéutico y sano para tu psiquis. 

• No existen las preguntas estúpidas. Cualquier duda que surja preguntale a tu equipo médico. 

• Hacé planes para el futuro, ya sea un viaje o un anhelo postergado. Esto alimentará tus ilusiones y te darán algo positivo en que pensar. 

• Compartí momentos con la gente que querés.

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