Psicooncología
Tratamientos médicos: ¿Cómo afrontarlos?
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“Durante la quimio y los rayos que recibí por el cáncer de mama que me diagnosticaron, me esforcé en parecer positiva pero en realidad me sentía muy triste y desamparada. Solo veía la mitad vacía del vaso. Cuando me tranquilizaba y podía reflexionar, me daba cuenta de que las cosas no eran así y que no iban tan mal como yo pensaba”. 

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Nuevamente, como en otros momentos críticos de su vida, Estela enfrentaba los problemas de una manera trágica y pesimista. 

Recibir un diagnóstico de cáncer de mama y como consecuencia de ello tener que atravesar determinados procedimientos y tratamientos médicos con posibles efectos adversos, genera en la paciente una crisis ante la cual precisa desarrollar habilidades de afrontamiento. 

Para muchas personas, el inicio del tratamiento suele acompañarse de un sentimiento de alivio, esperanza y la sensación de volver a tener su vida bajo control. También es probable que regrese ese miedo a lo desconocido que surge cuando un individuo enfrenta algo nuevo y que potencialmente asusta. Muy a menudo esto se basa en una falta de información y en creencias anticuadas o erróneas de los pacientes sobre los distintos tratamientos de cáncer. Cuando una paciente está bien informada acerca de lo que le va a ocurrir, puede prepararse mejor para cada etapa del tratamiento y enfrentarlo con menos terror y más confianza. 

Según importantes investigadores del tema, hay factores que pueden ayudar a enfrentar al cáncer y sus tratamientos. 

Es importante destacar el estilo personal y la manera de hacer frente a los problemas. Una persona que es optimista ante la vida, propensa a ver “la mitad llena del vaso”, con recursos para afrontar una situación crítica y demandante a la que considera un desafío más que una amenaza, tiende probablemente a sentir menos angustia, a no pensar en lo peor y a creer más firmemente en su capacidad para pelear y resolver dificultades. Las personas afrontan mejor las situaciones adversas cuando encaran los problemas en lugar de evitarlos o ignorarlos. Al poder comprometerse con un objetivo, mantenerse firmes en él y seguir adelante demuestran tener un espíritu luchador. Otras, en cambio, presentan características pesimistas, alarmistas o quejosas que representan su manera de percibir el mundo y de desahogarse. Estos rasgos personales, si bien hacen más dificultoso el modo en que la paciente afronta el cáncer y sus tratamientos, no influyen en el progreso de la enfermedad. Por lo tanto, es recomendable, frente al desencadenamiento de un cáncer, que la paciente utilice la manera de enfrentarse a los problemas que le resulte más espontánea, natural, y que le haya funcionado mejor en situaciones críticas del pasado, ya que fingir o forzar conductas u ocultar sentimientos y estados emocionales es contraproducente y puede impedir que el entorno le preste ayuda para buscar maneras más apropiadas y efectivas de afrontamiento. En el caso de períodos de angustia y vulnerabilidad frecuentes o profundos es recomendable que la paciente solicite asistencia profesional especializada. Ello le facilitará transitar por los tratamientos indicados con mayor sencillez, ya que mejorará su calidad de vida y aumentará sus posibilidades de recuperación de la enfermedad oncológica al disminuir los riesgos de retraso en las consultas, interrupciones o abandonos de tratamiento.

También es importante tener o desarrollar un sistema de creencias o filosofía personal que proporcione sentido a las situaciones adversas, como en este caso, a la experiencia de la enfermedad oncológica y todo lo que de ello se deriva, de tal manera que sea más fácil para la paciente tolerar las vicisitudes del proceso que precisa atravesar. Por ejemplo, entender el desencadenamiento de la enfermedad como un llamado de atención en la vida para redimensionar y priorizar el valor del cuidado de la salud y de la vida en general. Sentir que la paciente comprende la razón del tratamiento, sus objetivos y efectos secundarios, así como otras opciones posibles le ayuda a mantener la dirección adecuada y un enfoque racional que le permita focalizarse en el asunto principal al que se apunta, especialmente, frente a momentos duros, molestos e incómodos. Esto posibilita ponderarlos de una manera adecuada y coherente. Por ejemplo, entender que la caída del cabello provocada por la quimioterapia es un efecto colateral molesto e incómodo pero transitorio y no dramático, ya que se dispone de distintas alternativas para manejarlo. Esto hace más fácil y tolerable su afrontamiento.

Otra ayuda es contar con un equipo tratante (médicos, psicólogos, enfermeros y otros) que proporcione apoyo, confianza y una comunicación fluida y constante que permita anticipar los problemas. Así como también tener el respaldo de familiares, compañeros de trabajo, amigos íntimos y el sostén que para algunos representan las comunidades religiosas.

Muchas personas solas o aquellas que prefieren involucrar de manera limitada a sus seres queridos en estos temas pueden encontrar especialmente útil incluirse en grupos de apoyo, conformado por otras pacientes que atravesaron la enfermedad, en los cuales los vínculos que se crean entre los miembros se convierten en un sustituto de la ausencia de otros vínculos. Y cuando es necesaria una ayuda profesional especializada, una buena opción es la inclusión en grupos terapéuticos.

Una característica muy beneficiosa es desarrollar sentido del humor para dar vuelta una situación adversa y dolorosa. Este suele manifestarse a través de “sacar lo mejor” de aquello que no se puede cambiar, quitar peso a algún comentario desafortunado o molesto que puede recibir la paciente, reírse de las propias reacciones o como recurso para soportar un momento difícil y particularmente tensionante.

Una de las cuestiones que afecta la manera de enfrentar a los problemas es cómo percibe la paciente el tiempo y el futuro. El diagnóstico de cáncer crea un sentimiento de urgencia en relación al tiempo, que acompaña a la incertidumbre que provoca. No obstante ello, la persona que es capaz de centrarse en el hoy, disfrutando del aquí y ahora, sin preocuparse por el mañana, experimentará menos dificultad en tratar cualquier enfermedad. Aunque resulte duro mantenerse en esta línea de pensamiento, será más sencillo para la paciente afrontar el cáncer si intenta concentrar en el día de hoy todos los desafíos que se le presentan, enfrentándolos paso a paso, a pesar de los problemas causados por los tratamientos.

En conclusión, cabe subrayar que para que enfrentes adecuadamente los problemas que presenta la enfermedad y sus tratamientos, y esto no se transforme en algo abrumador, es importante que:

• No adhieras a la falsa creencia de que cáncer es sinónimo de muerte, sabiendo que esta frase actualmente tiene un valor relativo.

• No te culpes a vos misma por haberte causado el cáncer ya que no hay ninguna prueba científica hasta el momento que vincule determinadas personalidades, estados emocionales o acontecimientos vitales de carácter doloroso con el desarrollo del cáncer. Incluso si has incrementado el riesgo de padecer cáncer a consecuencia de hábitos disfuncionales (ejemplo: adicciones al tabaco, alcohol, etcétera.) el remordimiento no es beneficioso. 

• No les ocultes a las personas queridas tus preocupaciones o dificultades físicas o psicológicas. Las investigaciones demuestran que es útil que estas personas acompañen en las visitas médicas ya que frecuentemente cuando estás muy angustiada, escuchás o asimilás menos información y una segunda persona puede ayudar a interpretar lo que se ha dicho.

• Te animes a utilizar cualquier método que ayude a controlar miedos o sentimientos de inquietud, como relajación, meditación y los enfoques espirituales.

• No abandones el tratamiento médico científicamente validado en favor de un tratamiento alternativo. Es preciso que utilices los tratamientos alternativos que no sean perjudiciales y que puedan usarse de manera segura junto con el tratamiento acordado con el médico. Es importante que tomes conciencia de los beneficios y riesgos de todo tratamiento alternativo que vayas a utilizar, puesto que algunos están contraindicados durante los tratamientos de quimioterapia o radioterapia. Por ello, te sugiero que lo converses con alguien confiable en relación a estos temas, como lo puede ser tu médico tratante o algún otro profesional del equipo, que pueda hacer una valoración objetiva y criteriosa de la situación. 

• Lleves un cuaderno de anotaciones en el que puedas registrar toda la información relevante (fechas de los tratamientos, resultados de laboratorio, informes de estudios, síntomas y situación general) para tenerla disponible ante cualquier requerimiento en el tratamiento de esta enfermedad. 

En síntesis, no hay un modo de enfrentar el cáncer y sí hay modo personal de enfrentarlo que debe ser investigado y estimulado.

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